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 Buscando las áncoras perdidas [parte uno]

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Amelia Ysbail Pryce
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Edad : 20
Localización : Life on Mars

MensajeTema: Buscando las áncoras perdidas [parte uno]   Dom 19 Sep 2010, 21:12

Buenuu, nu sé si iría acá un FanFic .-. pero como son "publicaciones" en la categoría de Zona Creativa y en la información del foro dice que es para mostrar creaciones y bla, me imaginé que podría ser x3 así que les dejo acá un fic creado por mí en un mundo creado por mí con personajes inventados por mí 8D espero les guste y comenten mucho >3< aviso: está dividido en 2 partes (puede que próximamente 3) y voy a hacer un thread por parte para que se haga más organizado. Los capítulos que todavía no están hechos puede que me tarde algo así de una semana en postearlos, espero nu se molesten D:

"Un hombre de pelo rojizo y extraños ojos violáceos viaja, y viaja sin
saber a dónde. No tiene recuerdo alguno que le permita otorgarle un
objetivo a su travesía, pero esto no le impide continuar. Su nombre
podría ser Volk, como también podría no serlo. Su origen podría ser el
Norte o el Sur, o ninguno de ellos. Él sólo camina y contempla con su
mirada casi pálida, al mundo.
"


Buscando las áncoras perdidas
Miedo al fuego


Capítulo I
El Desmemoriado


Demovimiento lento y torpe, se mecía él entre el viento seco deldesierto. La arena que corría con las brisas le lastimaba la palidez desu cara, pero sus ojos violáceos no reaccionaban. Cual sonámbulocaminaba, como atraído por algo inexistente y con la mirada perdida,siempre dirigida al frente. Sin previo aviso, una sombra pisó la suya.Se giró algo atolondrado, y clavó sus orbes únicos en aquel que osabainterrumpir su travesía. Se trataba de un viajero bastante añejo, decabeza calva tapada por un enorme pañuelo y arrugas por toda su cara.Con una sonrisa amable y unos ojos rasgados le contestó a la miradainexpresiva del joven, quien lucía una larga cabellera carmesí, y novestía más que unos ropajes ruinosos debajo de una armadura con yamucho uso, por no decir que en cualquier momento caería destruida.

Una vez el viento se hubiese calmado, el anciano habló– No es éste el mejor lugar para deambular.. –Levantó ligeramente la cabeza para visualizar mejor al chico, portador de una altura presuntuosa– y menos para alguien de tan corta edad como usted, ¿verdad? –Sin más, dio media vuelta y continuó su dura caminata por el ventoso paraje.

Locontemplaba alejarse con suma extrañeza y curiosidad el futuroprotagonista de esta historia, contada en estos escritos por el simplehecho de guardar sus escasas memorias. El cielo se tornaba del mismocolor que sus ojos, y su mente olvidadiza comenzaba a funcionar con másrapidez, se acercaba el crepúsculo y con él una obscura noche de lunanueva. Estaba exhausto, pero debía continuar. No sabía el motivo por elcual estaba convencido de que si su viaje de sinfín terminaba ocurriríalo peor, pero lo estaba. Sus párpados se cerraban contrariando suvoluntad, el sueño le invadía. Finalmente cayó, tirando su cuerpo deapariencia inerte sobre el suelo de arena. Sombras se acumularon en unmundo imaginario, para aparecerse luego y entre éstas unas manchasblancas que de a poco tomaban forma humana. De ellas había uno que eraera increíblemente parecido al dueño de estos extraños pensamientos, otal vez era él mismo en algún pasado. Misma cara, de pelo corto tanrojizo como el suyo, ojos de un violáceo pálido, y un aro dorado encada oreja. Diferentes escenas se aparecían en la cabeza delinnominado, hasta que sus oídos captaron algo que terminó pordespertarlo. Una palabra, una única y simple palabra de cuatro letras:Volk. No sabía qué significaba, pero en aquellos sueños se le habíasido otorgado a la figura que se asemejaba tanto a él.

Derepente un grito, solo y perdido entre el silencio inmenso de las dunasque en la noche negra parecían de nieve. Sin siquiera abrir sus ojos,el peli-rojo chilló dolorido, el ardor que guardaban sus brazos erainhumano. En una furia nerviosa, se deshizo velozmente de los brazalesque componían esa parte de la armadura que llevaba encima, y searremangó la camisa sucia y agujereada que algún día había sido blanca.Unas vendas cubrían del hombro a la muñeca izquierdos y del codo a losnudillos derechos unas quemaduras poco comunes que teñían su piel denegro y rubí, los colores del fuego maligno.

Algo más calmo, serecostó nuevamente sobre la arena ahora helada. Aún respiraba agitado,y su cansancio se prolongaba al no haber dormido más que un par dehoras. Se encontraba perdido en pleno desierto, con la mente agobiadapor los sueños que venían a su mente mientras dormía. El insomnio leobligó a pararse y seguir su interminable caminata.

La sombra deuna montaña gigantesca, fácilmente confundible con la plena oscuridaddel cielo nocturno, se iba formando en la lejanía del horizonte, peroél aún no la lograba ver con claridad. Hasta que un brillo cegadorsalió de detrás de ésta, demostrando que en realidad se trataba de doshileras de montañas que formaban un cañón. Parecía ser la únicavariación que se presentaba en aquel mundo de arena y viento, helado enlas noches e increíblemente caluroso por los días. Más ahora que elDios del Fuego vigilaba desde los cielos, el inmortal, denominado pormuchos como Sol Rojo. En tierras como aquella, compuesta mayormente porzonas desérticas, la única salvación era la luna y su calmante frío.Por esto y por la corrupción que había en las más grandes ciudades,mucha gente se dirigía al Sur y no volvía a su tierra natal a menos quefuese por una razón muy buena. Alejado de todos estos problemas,aislado en su mente sin recuerdos, sin asuntos que resolver ni nada quele impusiera mucha atención, el viajero de cabellera carmesí caminaba ycaminaba, sin pensar en lo que pudiese encontrarse más adelante.

Seadentró entonces en el gran Cañón del Noroeste, nombre por el cualnadie lo llamaba desde la llegada de los Reyes Alados. Logró intrigarlobastante el cambio de temperatura ganado al ser cubierto por lasinmensas montañas. El viento seguía corriendo por allí, lo querefrescaba aún más la zona. Algo le erizaba los pelos de la nuca aljoven peli-rojo, y ese algo eran probablemente los aleteos y rugidosque se oían, provenientes del fondo del pasillo de montañas. Sentíanervios y ansias por ver de qué se trataba aquello, en momentos comoese nada era más fuerte que la intriga, y nada le impediría averiguarqué le producía tal curiosidad.

Internado en la oscuridad, conla única y escasa luz del sol que se colaba entre las cumbres curvas delas altas montañas, los ruidos se hacían más y más fuertes. Llegó elmomento en el que las paredes se abrieron presentando un valle. Corrióapresurado para encontrarse con la respuesta a su simple duda, perotuvo que volverse y esconderse detrás de una roca después de talsorpresa... El lugar era inmenso, con suelo de roca en vez de arena, yunas pequeñas lagunas dispersadas. Lo que terminó por aterrar a nuestroprotagonista no fue ni más ni menos que el monstruoso ser que seencontraba situado en medio de todo aquello: su piel estaba bañada enescamas de un celeste grisáceo, constaba de un largo cuello que ahoraestaba enrollado sobre sí mismo, apoyado en el suelo junto a su cuerpoacurrucado cual perro o animal pequeño de cuatro patas. Era poseedor deun respirar calmo, aunque bastante sonoro. Unos cuantos minutos semantuvo a la espera el viajero, y justo cuando empezaba a tomarconfianza en el maravilloso ser, éste largó un bufido que le hizo caerdel susto. Con esta acción unas cuantas aunque diminutas rocas giraronhacia donde se situaba la bestia, golpeando sus patas traseras.

Temeroso,el chico quedó paralizado, mientras el extenso cuello del aparentementeun reptil se desplegaba y desperezaba. Aún de espaldas al de cabellosrubíes se irguió, se paró en sus cuatro patas, y dejó brotar enormes yesqueléticas alas pálidas. Sin moverse del lugar en el que estaba,volteó su cabeza para clavar unos ojos platinados en los violáceos delviajero, cuya cara resplandecía de heladas gotas de sudor.

¿De qué se oculta, guerrero? –Preguntó con un tono calmo y paciente, en cierto modo irónico, el Dragón, rey de las palabras, pero no obtuvo respuesta– Los humanos aprendieron a gobernar el fuego y pronto el cielo, ya no tienen por qué temernos–Pronunció con claridad, su voz era potente e imponía atención, pero noparaba de ser una voz tranquila, suave, como la de un hombre de granexperiencia hablándole a un niño– Dígame quién es y qué desea.
¡Me llamo Volk y vengo del Reino del Norte! –Habló por fin, entrecortado pero seguro.
No me interesa un nombre ni el reino al que sirve –Suspiró, largando una brisa gélida de su bocaComo Guardián de estas tierras, debo saber la palabra verdadera y la razón de cada ser que cruce el valle, la Puerta del Hielo.–Si el innominado, cuyo llamado al que respondía parecía ser Volk, yaestaba asustado, ahora lo estaba mucho más. No sólo estaba hablando conun ser enorme y sumamente poderoso, éste acababa de hacerle unapregunta simple que nunca podría contestar.
Y-Yo.. No recuerdo nada de mí o mi pasado –Se atrevió a decir– Vengo de la Prisión del Este, en donde perdí mi memoria y ni siquiera tengo idea de qué hacía ahí –Fue observado con curiosidad, temía no ser creído por el Guardián.
Hum, un guerrero desmemoriado adentrándose en la Tierra Dracónida no parece ser muy buena idea –Dijo elevando un poco la voz, mientras una sonrisa se presentaba en su cara, dejando a filosos dientes asomarse.
¿Tierra Dracónida?–Se preguntó en murmullos. Entre las cosas de su pasado había olvidadola existencia de tal lugar, un reino de reyes, los Dioses Elementalesera uno de los cuantos apodos que se les eran otorgados.
ElCañón del Noroeste, como lo llamaron por convención hombres y Dragones.Fuimos atacados y aislados, quedándonos con nada más que esta esquinadel mundo como nuestra casa –Explicó, aún con una sonrisa tranquila marcada en su cara– Alguiencon quien se cruzará más adelante previno la llegada de un Señor deDragones cuyo pasado estaba oculto por un velo inamovible –Largó un último suspiro– Te doy la bienvenida en nombre de todos nosotros, Volk.

Agachósu largo cuello, en forma de reverencia, y se hizo a un lado para dejarver al final del valle lo que parecía ser una cueva o túnel. Aúndubitativo, el Desmemoriado –apodo por el cual algún día sería llamadopor los Dragones– se dirigió a la oscuridad una vez más, donde susrecuerdos perdurarían eternos.
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